Semana 2

Durante la clase de Teorías de la Comunicación III, que tuvo lugar el lunes 27 de enero, el profesor nos saludó con entusiasmo y dio inicio a la sesión a las 7 AM. En esta ocasión, el profesor compartió con nosotros la primera actividad del día, que consistía en leer algunos textos de 1000 palabras que nos había asignado en la última clase. Después de explicar esto, preguntó si alguien se animaba a que su texto fuera el elegido para la lectura en clase. Sin embargo, todos nos quedamos nerviosos y en silencio. Al notar que nadie quería ofrecerse, el profesor decidió seleccionar una lectura al azar. Abrió su correo institucional de Outlook y revisó los mensajes recibidos, finalmente, eligió el texto de mi compañera María y anunció que leeríamos su trabajo en conjunto, pero antes de comenzar, nos explicó cómo llevaríamos a cabo la actividad.

 

El método que propuso era un "juego" llamado “pop corn”. La dinámica consistía en que cuando una persona terminara de leer un párrafo, debía decir "pop corn" seguido del nombre de un compañero, quien continuaría con la lectura del siguiente párrafo. Así, iríamos pasando la lectura de uno a otro hasta completar el texto. La actividad comenzó y, poco a poco, fuimos leyendo en voz alta. En un momento determinado, me tocó leer a mí. Tras varias rondas, logramos terminar el texto. La descripción que contenía era bastante fiel a lo que habíamos discutido en clase, aunque carecía de algunos detalles importantes.

 

Una vez finalizada la lectura del texto de María, el profesor anunció que realizaríamos otra lectura y preguntó si alguien quería compartir su trabajo voluntariamente. Nuevamente, todos permanecimos en silencio. Sin embargo, esta vez decidí romper el hielo y me ofrecí para que leyeran mi texto sobre la primera clase. Aunque estaba nervioso, también sentía una cierta emoción al pensar en cómo reaccionarían mis compañeros y el profesor ante lo que había escrito. Me preocupaba especialmente cometer algún error.

 

Antes de iniciar mi lectura, el profesor reiteró que continuaríamos con la modalidad de “pop corn” y recordó que no podían nombrarme. La lectura comenzó y mientras mis compañeros leían mi texto, yo seguía la lectura al mismo tiempo. Aunque estaba satisfecho con lo que había escrito, me apené por un pequeño error, el cual fue que, en lugar de escribir “entre todos”, había puesto “entre nos todos”. A medida que avanzábamos en la lectura, cada compañero tomaba su turno hasta llegar al final. Al concluir la lectura, el profesor nos preguntó si notábamos alguna diferencia entre los dos textos leídos. Mis compañeros señalaron varias diferencias, por ejemplo, mencionaron que mi texto contenía más detalles sobre los temas tratados mientras que el trabajo de María era muy completo, pero no profundizaba tanto en las situaciones específicas.

 

El profesor aprovechó esta oportunidad para hablarnos sobre lo interesante que es reconocer las diferencias entre las experiencias narradas por cada uno. Explicó que cada persona cuenta su historia desde su perspectiva única y cómo esto contribuye a una comprensión más rica del tema tratado. Introdujo un concepto llamado “Cultura del registro”, enfatizando su importancia para mantenernos conectados con las clases previas y ayudarnos a repasar lo aprendido.

 

A continuación, el profesor comenzó a hablar sobre la importancia de la lectura y citó a Francis Bacon: “La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; la escritura lo hace preciso”. Esta cita resonó profundamente en mí y me hizo reflexionar sobre los beneficios de cada una de estas habilidades.

 

El profesor continuó explicando los beneficios específicos de cada actividad: comenzando con la escritura, mencionó cómo esta mejora nuestra memoria, estimula nuestra creatividad y fortalece nuestro pensamiento crítico. También destacó su papel en aumentar nuestra concentración y comunicación afectiva, así como en fomentar el autoconocimiento y reducir el estrés y la ansiedad.

 

Luego abordó el tema de la conversación. Resaltó cómo esta nos hace más ágiles y sociales, desarrollando nuestras habilidades comunicativas y fomentando la empatía y comprensión hacia los demás. También mencionó que una buena comunicación puede ayudar a reducir el estrés. Finalmente, se centró en los beneficios de la lectura. Nos explicó cómo leer amplía nuestros horizontes, estimula nuestra imaginación y mejora nuestros reflejos y vocabulario. Además, enfatizó cómo se convierte en una herramienta para volvernos más cultos e informados.

 

Al finalizar esta reflexión sobre las habilidades comunicativas fundamentales, el profesor proyectó en pantalla los correos electrónicos de María y mío. Nos preguntó si notábamos alguna diferencia entre ellos. Mis compañeros señalaron que uno incluía un saludo mientras que el otro no. Esto llevó al último tema abordado durante la clase: la “netiqueta”. El profesor explicó qué es la netiqueta: las formalidades y conductas adecuadas para comunicarse en internet. Combinando los términos “net” (red) y “etiqueta”, nos enseñó cómo aplicar estas normas de cortesía en nuestras interacciones digitales. También enfatizó la importancia de ser cuidadosos con lo que escribimos en redes sociales; lo que publicamos puede quedar registrado como una mancha permanente si no tenemos cuidado.

 

Para ilustrar este punto, pidió a los estudiantes que compartieran ejemplos de reglas o conductas relacionadas con la netiqueta. Se mencionaron varias recomendaciones importantes: utilizar un lenguaje respetuoso, evitar el sarcasmo, prestar atención a la gramática, respetar la privacidad ajena y ser tolerantes con las opiniones diferentes. El profesor ofreció reflexiones sobre cada regla mencionada por los estudiantes y al final añadió una recomendación extra: “la firma” en correos electrónicos. Explicó cómo tener una firma adecuada es fundamental para identificarnos correctamente al comunicarnos por email. También nos mostró cómo configurar una firma en Outlook.

 

Finalmente, antes de concluir la sesión, el profesor nos recordó crear un blog donde pudiéramos escribir semanalmente sobre lo sucedido durante las clases. De esta manera podríamos continuar cultivando nuestra Cultura del registro.


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