Semana 13 - ¡SESGOS! ¿OTRA VEZ?

Que ladilla con estos sesgos...

No sé si a ustedes también les pasa, pero abrir Teams y ver "Sesgos, capítulo 1, 2, 3" me dejó acostumbrado a tener otro capítulo de sesgos cada semana. Juraba que esta semana sería "Sesgos, capítulo 4" y que la próxima sería "Sesgos, capítulo 5", hasta terminar el semestre, eso, claro, si no seguíamos con el capítulo 9 en otra clase del pensum.

Pero bueno, ahora si ya comenzando, les diré que últimamente siento que todo lo que veo en redes sociales confirma lo que ya pensaba. Es como si el algoritmo me conociera mejor que yo mismo, y me sirviera en bandeja noticias, videos y opiniones que me hacen decir: “¡Claro! Eso es exactamente lo que yo creo”. Al principio suena bien, como si uno estuviera en lo cierto todo el tiempo. Pero después uno empieza a preguntarse: ¿será que me estoy perdiendo de algo?

Ahí fue donde empecé a fijarme en algo que aprendí hace poco durante la clase: los sesgos cognitivos. O sea, esos cosos mentales que en esta era digital terminan jugando en contra. Entre tantos, hay dos que me dejaron pensando fuerte: el sesgo de confirmación y el sesgo de atribución hostil. Los dos aparecen a cada rato cuando uno navega por redes sociales o consume información en línea. Y lo peor es que uno ni se da cuenta.

Por ejemplo, el sesgo de confirmación. Ese consiste en que solo le paramos bolas a la información que encaja con lo que ya creemos, y lo que no, lo ignoramos o lo desestimamos. En redes es brutal, porque los algoritmos están hechos justo para eso: para mostrarte lo que te gusta, lo que ya seguías, lo que te da like. A mí me pasó algo muy puntual. Durante un periodo en el que me obsesioné con mejorar mi productividad, empecé a seguir cuentas que hablaban sobre cómo levantarse a las 5 a.m., dejar el celular, trabajar por bloques de tiempo y todo eso. No está mal, claro, pero el problema fue que empecé a ver solo ese tipo de contenido: que si no madrugas, eres un fracaso, que si no haces un calendario, no sirves. Me lo creí tanto que me empecé a frustrar cada vez que no seguía esa rutina. Después vi otra perspectiva en un video que decía que esos hábitos no le sirven a todo el mundo, y que ser productivo también puede verse diferente. Ahí caí en cuenta de que había estado atrapado en una burbuja que solo reforzaba lo que ya quería creer. Eso, tal cual, es el sesgo de confirmación.

Pero el que más me ha afectado últimamente es el sesgo de atribución hostil. Ese que nos hace asumir que los demás tienen malas intenciones, incluso cuando tal vez no es así. Y no solo en redes: también en la vida diaria. Me pasó hace poco en clase. Estábamos comentando un ejercicio de lectura y yo di mi punto de vista. Un compañero me corrigió con buena intención, sugiriendo otra interpretación, pero yo lo tomé como un ataque. Pensé: “¿Y este por qué me está criticando así? ¿Qué se cree?”. Me quedé todo el resto de la clase incómodo, dándole vueltas al comentario. Más tarde ya tranquilo, caí en cuenta de mi pendejada y que el solo quería ayudar, no hacerme quedar mal. Pero yo ya estaba a la defensiva y asumí lo peor.

También está ese otro sesgo, el de arrastre (bandwagon effect, dicen los gringos). Es ese impulso de seguir lo que hace todo el mundo solo porque… bueno, todo el mundo lo está haciendo. Lo he visto en challenges virales, en tendencias políticas y, sobre todo, en esas cancelaciones que se arman en internet. Basta con que alguien famoso diga algo o acuse a alguien más, y de una se arma el combo de indignados. La gente se suma, comparte, comenta, insulta, todo sin detenerse a pensar si lo que están apoyando tiene sentido. Me ha pasado. He estado a punto de compartir algo solo porque “todo el mundo lo está diciendo”. Menos mal, a veces me freno.

Lo que quiero decir con todo esto es que estamos en un ecosistema que potencia estos sesgos. No es solo culpa del cerebro ni solo culpa del algoritmo. Es una mezcla peligrosa: nuestra necesidad de tener la razón, mas, las plataformas diseñadas para engancharnos, son iguales a: percepción distorsionada de la realidad. Y eso no solo nos afecta a nivel personal, sino también a nivel colectivo. ¿Cómo tener un debate sano si todos vivimos en burbujas? ¿Cómo construir algo común si cada uno ve su propia versión del mundo?

Por eso creo que toca bajarle un poco al ego y subirle al pensamiento crítico "elegante". Cuestionar lo que vemos, buscar otras fuentes, salirnos de la zona de confort. Y, sobre todo, aceptar que a veces podemos estar equivocados. No es fácil, lo sé. Pero si no lo hacemos, las redes nos van a seguir moldeando la cabeza sin que nos demos cuenta.


Bibliografía

Mi cabecita queriendo conservar ese 5 que logro obtener por decir "apofenia" en clase.

La clase del profe,

La presentación que hizo alguno de mis compañeros, adjuntada en la tarea de "Sesgos final" en la plataforma de teams,

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